Shared Economy and Gig Workers: Safety Beyond Traditional Employment Picture This – Spanish

Esta imagen muestra a una repartidora —una mujer de unos cuarenta años— sentada al volante de un camión de reparto estacionado en un tranquilo campus universitario en una cálida mañana de verano. El motor del camión está apagado. Las ventanas están completamente cerradas. En el área de carga detrás de ella, 71 bolsas de hielo seco se encuentran en hieleras cuyas tapas no cierran por completo, liberando lentamente dióxido de carbono incoloro e inodoro hacia la cabina cerrada. En el asiento del pasajero, un manifiesto de entrega enumera las paradas del día. No hay ninguna etiqueta de peligro en las hieleras, ninguna advertencia de ventilación colocada en ninguna parte del vehículo ni ninguna hoja de instrucciones sobre lo que libera el hielo seco en un espacio cerrado. Llegó a su primera parada y nunca salió del vehículo.
Lo que se ve en esta imagen es algo común: un camión estacionado, una conductora descansando, hieleras en la parte trasera. Lo que no se ve es el gas que ya está llenando la cabina. El dióxido de carbono es incoloro e inodoro y desplaza el oxígeno en silencio. Un trabajador al que nunca se le ha informado qué libera el hielo seco en un espacio cerrado no tiene forma de reconocer el peligro antes de que sea demasiado tarde para reaccionar. Ya sea contratista independiente o no, todo trabajador que transporte, maneje o trabaje cerca de materiales peligrosos tiene derecho a saber qué pueden provocar esos materiales. Una sola página de información sobre riesgos, una sola sesión de capacitación o el requisito de ventilar el vehículo habrían salvado la vida de esta conductora. El peligro era conocido. Simplemente, la información nunca se transmitió.